La oportunidad del cambio: cuando la falta de planificación vuelve a dejar a miles de murcianos sin agua

Durante más de una semana, varios municipios del Campo de Cartagena han vivido una situación que, en pleno siglo XXI, resulta difícil de aceptar: el corte prolongado del suministro de agua potable. Las lluvias intensas de los últimos días, lejos de ser un fenómeno excepcional, han puesto de nuevo en evidencia las carencias estructurales de un sistema hídrico que no ha sabido adaptarse a los retos del presente en la Región de Murcia.

Cada episodio de este tipo deja al descubierto la misma realidad: la falta de planificación y de infraestructuras adecuadas sigue siendo una de las principales debilidades de la Región de Murcia. Y lo más preocupante no es solo el daño inmediato —miles de vecinos sin acceso a un servicio básico—, sino la sensación de que estos fallos se repiten año tras año sin una respuesta definitiva.

Un problema que no debería repetirse

Murcia es una región que convive con la escasez, el calor extremo y los contrastes del clima mediterráneo. Su población y su economía —en especial la agricultura— dependen de una gestión del agua que funcione incluso en condiciones adversas.
Sin embargo, los acontecimientos recientes han demostrado que las infraestructuras no están preparadas para resistir episodios de lluvia intensa ni para garantizar la continuidad del servicio. No se trata solo de una cuestión técnica: es un síntoma de una planificación que no ha avanzado al ritmo que exige el cambio climático.

Cuando una tormenta puede paralizar el suministro de agua potable durante días, estamos ante un fallo estructural de gestión. Un fallo que no puede explicarse únicamente por la fuerza de la naturaleza, sino por la falta de mantenimiento, previsión y modernización de un sistema que necesita ser revisado a fondo.

De la emergencia a la prevención

La Región de Murcia no puede seguir gestionando el agua desde la urgencia. Cada crisis debería servir como impulso para mejorar, no como una excusa que se repite hasta el siguiente episodio. El verdadero cambio llegará cuando pasemos de reaccionar ante el problema a anticiparnos a él.

Esto exige:

  • Infraestructuras más resistentes y modernas, capaces de soportar fenómenos extremos sin colapsar.
  • Planes de mantenimiento continuos y auditables, no intervenciones puntuales tras la catástrofe.
  • Protocolos de emergencia y comunicación eficaces, para que la población reciba información clara y oportuna.
  • Una gestión coordinada entre administraciones, evitando duplicidades y retrasos en la toma de decisiones.

El agua no puede depender de la suerte ni de la climatología. Debe depender de la planificación, la inversión y la responsabilidad pública.

Una llamada a la acción

Lo ocurrido en el Campo de Cartagena debería marcar un punto de inflexión. No podemos permitir que miles de hogares vuelvan a quedarse sin agua cada vez que el cielo se abre.
Esta situación debe leerse no solo como una crisis, sino como una oportunidad para cambiar el modelo.

La Región de Murcia tiene la experiencia, la capacidad técnica y el talento humano necesarios para liderar una gestión del agua moderna, eficiente y transparente. Pero para lograrlo hace falta voluntad política, compromiso presupuestario y una visión de largo plazo.

No basta con reparar lo que se ha roto: hay que repensar cómo queremos gestionar el agua en los próximos 20 años. Porque solo con planificación, inversión y coordinación se podrá garantizar el derecho al agua y la seguridad de las comunidades ante los desafíos climáticos que ya están aquí.

La oportunidad del cambio está sobre la mesa. Depende de todos —administraciones, empresas, asociaciones y ciudadanía— aprovecharla.