Hablar del Trasvase sin abordar las infraestructuras: un reto pendiente en Murcia

Hablar de agua en la Región de Murcia es hacerlo, casi en exclusiva, del trasvase y cómo, cuándo y cuánta agua nos llega de fuera. Sin embargo, pocas veces el debate se centra en una cuestión igualmente decisiva: el estado real de las infraestructuras por las que circula el agua y las pérdidas que se producen antes de que llegue a su destino. En un territorio con escasez hídrica estructural, no abordar esta dimensión supone dejar fuera una parte esencial del problema.

Cada metro cúbico es estratégico en la Región de Murcia. Por ello, resulta imprescindible analizar no solo cuánto recurso llega, sino en qué condiciones se transporta y distribuye. Redes de abastecimiento envejecidas, tramos con décadas de antigüedad y sistemas de control insuficientemente actualizados provocan pérdidas que reducen la eficiencia global del ciclo del agua.

El trasvase ha ocupado históricamente el centro del debate público, y seguirá siendo un elemento relevante en la planificación hídrica. Sin embargo, centrar toda la discusión en los aportes externos sin revisar el estado de las infraestructuras internas limita la capacidad de mejorar la gestión. Garantizar recursos adicionales pierde eficacia si una parte del agua se diluye en el recorrido por falta de renovación y modernización de las redes.

En este contexto, Aguale considera imprescindible ampliar el debate público y técnico para incorporar de manera clara y prioritaria el análisis del estado de las infraestructuras hidráulicas en la Región de Murcia y el nivel real de inversión destinado a su mejora. La asociación subraya que la seguridad hídrica debe abordarse desde una perspectiva integral que incluya tanto las fuentes de suministro como la eficiencia del sistema de distribución.

La modernización de infraestructuras no genera titulares inmediatos, pero constituye una de las herramientas más eficaces para reforzar la estabilidad del servicio. La sectorización de redes, la implantación de sistemas de telecontrol, la detección temprana de fugas y la sustitución planificada de tramos obsoletos permiten reducir pérdidas y aumentar la resiliencia ante fenómenos climáticos extremos.

Las pérdidas en red no son únicamente una cuestión técnica. Tienen implicaciones ambientales, económicas y sociales. El agua que no llega supone un coste energético y financiero, además de debilitar la confianza ciudadana en un servicio esencial. En un contexto de cambio climático y mayor irregularidad en las precipitaciones, contar con infraestructuras sólidas es una garantía de estabilidad.

La Región de Murcia ha demostrado liderazgo en ámbitos como la reutilización y la eficiencia agrícola. Ese mismo compromiso debe trasladarse al ámbito urbano y a las redes de abastecimiento. La inversión sostenida, planificada y evaluable es la base de un modelo hídrico preparado para los desafíos actuales.

Por ello, Aguale insiste en que ha llegado el momento de situar la modernización de infraestructuras en el centro del debate hídrico de Murcia. Analizar con transparencia el estado de las redes, establecer planes de renovación a medio y largo plazo y asegurar partidas presupuestarias estables no puede seguir siendo una cuestión secundaria.

Hablar del trasvase es necesario. Pero hablar también del agua que se pierde antes de llegar es imprescindible. La seguridad hídrica de la Región de Murcia depende de ambas cosas. Ignorar una de ellas es renunciar a una gestión verdaderamente eficaz y responsable.


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